Haced mi corazón semejante al Vuestro

¡Señor, no se que hacer!, ¡Señor, auxilio!, ¿Cuantas veces no nos sentimos así…?

Dentro del tesoro que la Santa Madre Iglesia posee, encontramos las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús. ¡Son una verdadera maravilla! Te invitamos a dedicar unos minutos a meditar sobre algunas de las jaculatorias que la componen, para poder adentrarse mas en los insondables abismos de amor de Jesús por nosotros.

Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre

Si consideramos el Corazón de Jesús, que es – en realidad material y de carne – el objeto de nuestro culto, como símbolo de la voluntad de Nuestro Señor y, portanto, del amor de Él; si consideramos que el Corazón de Jesús fue formado en el seno Inmaculado de Nuestra Señora y con la materia que la madre da para la formación del cuerpo del hijo. Es, decir, que la carne santísima, unida a la unión hipostática, de Nuestra Señor Jesucristo, es la propia carne de María; Que la Sangre de Jesús, es la propia sangre de María; Quiere decir que el Corazón de Jesús, es de algún modo, el Corazón de María.

De la evocación del proceso de generación tan admirable, por el cual la madre como que se desdobla y da de si misma todo para constituir el cuerpo de  su hijo; recordando que Jesús fue formado en su totalidad del cuerpo de María, y esto en un océano, en un incendio de amor y de adoración para con ese Hijo que Ella estaba formando en sus entrañas, comprenderemos mejor como el Corazón de Jesús está unido al Corazón Inmaculado de María y como podemos tener una confianza sin reserva en la eficacia de la intercesión de Nuestra Señora junto a Nuestro Señor, tomando en consideración que Jesús no podría rechazar nada a aquella Madre Santísima, perfectísima, de la cual Él no tiene ninguna queja y de la cual tiene la inmensa alegría, que el Creador pude poseer en relación a su criatura, y mas aun, de la cual sabe que Su propia carne, es carne de Nuestra Señora y que Su propio Corazón, es el Corazón de Nuestra Señora, por así decir. 

Teniendo todo esto en cuenta recemos junto con la Iglesia: Maria immaculáta, mitis et húmilis corde. Fac cor meum secúndum Cor Jesu. Maria Inmaculada, mansa y humilde de corazón. Haced mi corazón semejante al Corazón de Jesús. (Letanías al Inmaculado Corazón de María) Con la certeza que Ella sabrá trasformar nuestro corazón según el Sagrado Corazón de Jesús y pidamos la paciencia y humildad que necesitamos para alcanzar esta semejanza. 

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad

Como todos sabemos el Corazón de Jesús es un horno ardiente de amor de Dios, porque caridad es propiamente: Amor a Dios. El hecho de ser «horno ardiente», es decir, no solo un horno, que de si ya nos da idea de calor, mas un horno ardientísimo, exprime bien la idea de que Él es el foco de todo el amor a Dios, y que la devoción al Corazón de Jesús por intermedio del Corazón Inmaculado de María es específicamente esplendida para quien se lamenta ser tibio, de estar arrastrándose en la vida espiritual, esta devoción es la que comunica este fuego del horno de caridad.

De modo que si queremos, para nosotros o para otros, verdadero amor de Dios, esta es una devoción excelente.

Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús, por intermedio de su Madre Santísima, que haga arder en nosotros ese fuego de su amor, que nos haga capaces de ser testimonios vivos en medio de nuestros hermanos del Amor a Dios, siendo fieles a sus mandamientos, corrigiendo en el momento adecuado con amor, aceptando o dando un consejo con mansedumbre, etc… 

Corazón de Jesús, paciente y misericordioso

¿Que quiere decir, propiamente, paciente? Paciente es aquel que sufre; es el Corazón de Jesús que sabe sufrir y es misericordioso. Porque el es capaz de sufrir todas las injurias que le hacemos. 

En segundo sentido, es paciente, porque el Corazón de Jesús esta dispuesto a sufrir, pero amando el sufrimiento, porque Él comprende que el sufrimiento es la gran ley de la vida y que una existencia sin dolor no vale absolutamente nada. 

Porque, en último análisis, vistas las cosas sobre un cierto ángulo, la vida del hombre vale en la medida en que sufre y ama el dolor que padece. Así es como el Corazón de Jesús es paciente. 

Una de las expresiones mas típicas de la capacidad de sufrir es: el espíritu de iniciativa. Por medio del cual el hombre vence la pereza, vence el tedio, vence el amor propio y se lanza a la acción, en la lucha y hasta en lo mas intenso de esta lucha, si fuera necesario, por la búsqueda de la Santidad.

Aquí esta la forma superior de paciencia:  el espíritu de iniciativa y de lucha. A través del cual, el hombre renuncia a todas sus perezas, a todos sus caprichos, por buscar el «Reino de Dios y su justicia» en esta tierra, en su vida y en la de sus semejantes.

Para alcanzarlo deberá ser paciente,  consigo mismo, y con los demás. Paciente, pero intransigente, cuando se trata de dar «el brazo a torcer» delante del mal.  Porque no hay peor solución que querer hacer una unión entre el mal y el bien, los hombres que buscan esto, son aquellos que mas sufren por ser imposible una convivencia entre la luz y las tinieblas. Ejemplo claro: Poncio Pilato.

Misericordioso quiere decir que tiene pena.

Como corolario del segundo sentido de la palabra paciencia esta la misericordia. Y aquí viene  un punto importante: La enorme dificultad de convencer a las almas de la misericordia de Dios, que perdona una vez, perdona dos mil veces y solo no quiere que se desanime del perdón. 

Para tener confianza en el perdón de Nuestro Señor, por la intercesión del Corazón Inmaculado de María, es esta una invocación magnifica: Sagrado Corazón de Jesús, paciente y misericordioso. 

Paciente con mis defectos, con mis pecados; misericordioso con mis lagunas, teniendo pena de nosotros. Esta es una excelente invocación para recitar varias veces en el día, para nunca, de los nunca, perder la confianza en aquel Corazón que dio hasta su última gota por nosotros. 

Un método para hacer nuestra acción de gracias

Dos invocación nos expresan bien ese amor de Dios por nosotros: Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados y Corazón de Jesús, fuente de toda consolación. 

A veces sucede que nos sentimos extremadamente indignos, y esto hasta las almas mas puras y mas altas pueden sentirlo. Y comprendemos que delante de la Justicia de Dios, no somos absolutamente nada. Pero esta  primera jaculatoria es nuestra tranquilidad. El Sagrado Corazón de Jesús es propiciación por nuestros pecados. 

¿Que quiere decir propiciación?

Yo, no valgo nada. Los sacrificios que hago – porque provienen de mi que no valgo nada – también de si no tienen valor. Mas… hay una victima que vale todo, porque es una victima sin mancha, es una victima unida hipostáticamente  a la propia divinidad, y esta victima es el propio Nuestro Señor Jesucristo, que Se ofreció por mi, en el altar de la cruz. De tal manera que todo aquello que yo tengo recelo de no conseguir, esta victima lo consigue por mi. 

Esa victima cargo con mis pecados. Ella sufrió por mis faltas. Y por causa de esto considero mis pecados con vergüenza, con constricción, por lo menos con atracción, mas en todo caso con una inmensa confianza, porque Alguien murió por mi, Alguien derramó por mi todas sus gotas de sangre. Y yo tengo confianza, no en mi, sino en esta Sangre infinitamente preciosa, que por mi fue derramada. 

Terminemos esta pequeña reflexión con una última invocación de todas las que componen esta verdadera belleza de oración: Corazón de Jesús, fuente de consolación. 

La palabra consolación tiene dos sentidos:

1. Ella corresponde a fortalecimiento

2. Ella quiere decir alegría, suavidad y unción del Divino Espíritu Santo en el alma. 

En ambos sentidos el Sagrado Corazón de Jesús es fuente de toda consolación. Nuestra fuerza viene de Él. Y cuanto nos sentimos flacos, tibios, desorientados, sobretodo cuando estamos delante de algún  acto de generosidad al cual estamos llamados, mas sin coraje de hacerlo, no debemos pensar que será por nuestras fuerzas que lo conseguiremos. ¡No! El Corazón de Jesús es fuente de toda fuerza; por medio del Inmaculado Corazón de María, que es el canal único y necesario para llegar al Corazón de Jesús y pedirle fuerzas. Debo confia que nunca estaré defraudado en mi pedido, que en determinado momento tendré las fuerzas que necesito para hacer inclusive cosas mas arduas y difíciles con relación a la vida espiritual. 

Aquí es donde encontramos algunas consideraciones para nuestra acción de gracias a la hora de la comunión:

Como sería bueno llevar junto a nostoros las letanías del Sagrado Corazón de Jesús y a cada día escoger una de las invocación para rezar. Y ahí, tomar en consideración que se esta recibiendo en el alma la presencia real, física, verdadera y viva de aquel Corazón del cual se esta meditando que es, por ejemplo, fuente de toda consolación. Y entonces rezar así, por ejemplo:

Señor, Vos sois fuente de toda consolación, yo quisiera tener mil veces mas fuerza de la que tengo para servirte mejor. Se que esta fuente de consolación esta dentro de mi; se que esta fuente de fortaleza sois Vos. Dadme fuerzas contra los enemigos externos y contra las tendencias malas que hay dentro de mi y que son vuestros enemigos también. Ten compasión de mi, te lo pido por intercesión del Inmaculado Corazón de María.

Todo debe ser hecho por movimientos libres de alma. Mas aquí queda una sugerencia, querido lector, que no vale mas que como sugerencia, a fin de que cuando se este en la aridez y,  por así decir, sin asunto para conversar con Nuestro Señor en la comunión, tomemos una de estas invocaciones de la Letanía y recemos, con esto nuestra comunión será  motivo de grandes gracias en esos momentos difíciles. 

Estimado lector, llegamos al fin de esta pequeña reflexión. ¿Porque Dios permitió que llegará a sus manos…? Esa respuesta solo se da de Corazón… a corazón. Que María, Reina de los Corazones,  abra el suyo, para que el Sagrado Corazón de Jesús habite ahí y puede hacer de el Su morada. 

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, se la salvación del alma mía. 

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