La técnica y las legítimas individualidades

Dentro del proceso revolucionario denunciado por el Dr. Plinio, tuvo un papel importante la Revolución Industrial, ampliamente analizada por él en diversas conferencias. Esta temática, introducida en la presente edición¹, será ofrecida a la consideración de nuestros lectores en algunas secciones a lo largo de este año que se inicia. Entre los múltiples aspectos que tornan necesario el estudio de este fenómeno, el Dr. Plinio nos apunta los siguientes²:

Artículo editorial  de la Revista Dr. Plinio – Enero 2019 –  Dr. Plinio Corrêa de Oliveira †1908-1995

 

La Revolución Industrial, llevada a cabo por el progreso técnico, transformó profundamente el perfil del mundo. Divinizada por muchos, esta revolución trajo consigo el inconveniente gravísimo de haber producido una psicosis moderna y haber sido una máquina poderosa para hacer la Revolución, por el estilo de vida moderno manipulado por las tendencias, lo que llevó a la humanidad a desequilibrios inconcebibles.

Ella también dio origen al movimiento contestatario hippie y a todas las consecuencias de la revolución cultural detonada en Francia en mayo de 1968 que, con el pretexto de reaccionar contra los excesos de la Revolución Industrial, pretendían matar en ella lo que pueda haber de legítimo, de bueno.

En la Edad Media también había conocimientos técnicos. Con la diferencia de que la técnica servía al hombre en sus necesidades, lo cual sería –para utilizar una imagen- más o menos como un caballero que domina plenamente su caballo. A partir de la Revolución Industrial, el hombre se cayó del caballo de la técnica que, desbocado, arrastró al caballero.

¿Por qué se cayó del caballo? Porque dejó de ser lo suficientemente concienzudo de sí mismo, no rechazando aquello que era incompatible consigo.

Hay límites para aceptar o rechazar un producto de la técnica. Los límites varían de acuerdo con la región y la situación histórica; se imponen, deben existir.

Las clases superiores deberían haber llamado la atención de las personas para los riesgos, principalmente en el ámbito moral, que un fenómeno de estos comportaba. Con eso frenarían la expansión inmoderada del gigantismo en la demanda, por donde, de repente, millares de ciudades en el continente americano, por ejemplo, pasaron a pedir cierto artículo que hasta entonces no precisaban; o abandonaban inesperadamente un producto para adoptar otro.

Este fenómeno generó, a su vez, industrias gigantescas, estandarizadas, y un comercio enorme para distribuir el producto. Fortunas colosales fueron empeñadas en la explotación del ramo.

Los límites dentro de los cuales se aceptan o se rechazan determinados productos son fijados por la propia naturaleza humana vivificada por la Fe católica. El desafío de la técnica apareció en un momento en que el hombre debería responder con una intensificación de ese tipo de virtud, siendo celoso de sus propias características.

La buena individualidad es aquella que lleva a alguien a amarse a sí mismo, rectamente, con el objetivo de realizar una perfección específica para la cual la voluntad divina lo llama. Si no fuera así, se podría aplicar a la persona que no cumple esta exigencia, lo que Nuestro Señor dijo a Judas: “Más te valdría no haber nacido” (cf. Mt 26, 24)

La defensa de la individualidad es la defensa de la perfección personal respecto de la cual Dios dio al individuo cierta intuición y que él debe procurar alcanzar, cueste lo que cueste, para que, realizándose así en esta vida, se una a Él, suprema perfección.

Pero, delante de esa avalancha industrial y comercial, el celo por esta sana individualidad desapareció. Por lo tanto, el imperio de la técnica nace del menoscabo a las legítimas exigencias y preferencias individuales.

El sentido del término “Revolución” y “Contra-Revolución” es aquel dado en el libro Revolución y Contrarevolución (1959 – Plinio Corrêa De Oliveira)

1) “Revolución Industrial, velocidad y pulchrum”, p. 9-13 – Revista Dr. Plinio Enero 2019

2 ) Extractos de conferencias del 14/11/1986 y del 21/12/1987

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